Hermandad
Asociación
16
Enero
2019
 
Jueves Santo 2019. Faltan 92 días

Concurso Literario

DE GOTA A GOTA HOLGADA

De gota a gota holgada. Desde antaño recuerdo de cal y piedra viva sobre la soledad. Recuerdos de la brisa, de color verdoso oscuro en primavera que apaga el sol enmudeciendo. Reflejo de montañas altas, y cómo no, sus gentes, cada vez más dejadas (¿ más perdidas?) entre cuatro paredes con estufa de leña, de Beteta a Villalba.

Semana Santa ¿ Quién en un día glorioso te dejaría caer por estas tierras, tan pobres y tan ricas? ¿Quién quiso en la Cuenca, de gustos medievales, pudieran descubrirse tantos y más devotos, en busca de recuerdos y pasiones? ¿Qué ser magnificente te destapó cubriéndose sus rostro ante tan natural belleza?

Quien quiera que lo hiciera, con todo honor debiera desbancar el pie del pedestal a un tal Fray Luís, o quizás a Valdés (pensadores ilustres), pues con razón alguna mostró, aún sin despertar, la descomunal armonía (y debió de ser grande, pues no veo adecuada al texto esa palabra) de danzas y sonidos, sólo eco de bostezos de la sabia madre: la naturaleza.

Allí mezclados, a tal escala (que sólo Dios le iguala): los ritmos otoñales del aún vaivén de hojas que flotan en el aire (les da pena caer y perderse en el tiempo), unas alas que suenan muy lejanas, comparadas con el frescor del Huécar y del Júcar, con una noche de augurio luminoso o incluso con un manto de color verde hierba que renace y por supuesto el ruido de los hombres, única imperfección para tal melodía.

Pero ...¿y Semana Santa?

Semana Santa es todo. Es la agente que viene y que, entre alajú y resoli, se marcha para saber que vuelven. Es la Plaza Mayor a rebosar, es el entorno, es...

Pero si hay algo que es Semana Santa, es sobre todo el alma. El alma que recorre por dentro a cada uno con ritmos de tulipas encendidas y que claman la luz. Conciertos y conciertos de bondad con sonidos de paso. Miradas que rebotan contra la imagen santa en la Catedral. Por eso en estos días, el alma está encendida, de color blanco puro. El corazón canta, y un jubilo tranquilo rumorea unos versos:

Vaticinada brecha sobre un río

Que purgas por la vida en color claro

Con un aroma verde, verde estío

Reflejado en el agua sin reparo.

Susurro del descaro, a un corazón,

Que el mío ajado y triste, se perdió,

Explícale con calma, devoción,

Los caminos que el alma recorrió.

De tulipas, capuces y baquetas

Entre dos ríos y cerros encerrada,

Muéstrales Cuenca sobre qué sujetas

El gran regalo de luz apagada.

Árbol tan alto que crece del suelo,

De marcado sentido, siente y canta

Varias canciones, sin pudor al cielo,

Sentidos versos de Semana Santa.

Y es que hoy Semana Santa no ha cambiado; (Ya sé que no es tan fácil explicar sensaciones o ideas tan sutiles, pero a la vez tan profundas) todo va por dentro. Todavía estremece el sonido de los palos mezclado con el sonido fuerte del silencio. Todavía se oyen los ruidos del desgarro de un par de pies descalzos que se ven penitentes. Todavía impresiona el contraste del color de túnicas y capuces con el de las fachadas de la calle. Todavía sorprende que los niños, en día, tan sagaces, consigan regalar al Cristo una boca impresionada. Todo eso, con ideas más propias, no ha cambiado, sin embargo, el entorno de nuestras procesiones sí que cambia, y en fechas tan señaladas, sería una punzada, bastante avariciosa y dolorosa a la vez, no pronunciarse ante ello:
Paz hace muchos, muchos días que se oye gritar por dentro a la gente. Están tristes, solos, apenados. Un día de jueves, temprano por la mañana, muchos corazones trabajadores y generosos, dejaron de sentir. Todas las buenas ideas de estas personas, que fueron en su día sueños, proyectos, no se cumplieron; les faltó tiempo. Pero esas almas siempre quedarán en un hueco dentro de nosotros, formando parte de nuestro sentir y vivir, en un hueco profundo, donde nadie ha llegado. La Semana Santa, nos brindará la ocasión de demostrar, que el hombre es de carácter bondadoso y tranquilo llevando a esas personas además en nuestra memoria:

Que hiciste y haces huella de la historia,

Sentido surco, con flecha horadado,

No podrás, cruel, con el recuerdo amado,

Pues es recuerdo de feliz memoria.

Con rostros de personas impotentes,

Cual es el hombre ante lo tan amargo,

Sin temor a quedarse sin letargo,

Dejó cólera y rabia entre las gentes.

Gran cantidad de estrofas con dolor

podrían escribirse sin descanso,

Pues dolor bien guiado es silencioso.

Y con la mano al pecho, y escozor,

En el alma en silencio muy ruidoso,

Una lágrima cae de un ojo manso.
 

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